En
Reino Maya se entrecruzan la memoria y la utopía, la predicción
y la nostalgia. Constituye éste un vivo ejemplo de cómo
un libro puede sublevarse contra su autor, hacerse a sí mismo
en definitiva, pues lo que empezó siendo la recreación
distendida de unos lugares evocados con voluptuosidad, va dejando paso
a la premura del presente, hecho realidad a través de uno de
sus símbolos más palpitantes: Así el Acuario, que
erigido en símbolo, se consolida en el eje de las reflexiones
sobre nuestro tiempo, otorgando sentido a lo que parecía no tenerlo.
El libro, de este modo, asciende de lo tangible a lo presentido, lo
sensorial a lo diáfano, al par que se interpretan los signos
concretos de su epifánico devenir. Es el Acuario anunciador de
una nueva época el que impetuosamente irrumpe en estas páginas,
presagiando los avatares de una espiritualidad cada día más
necesaria y deseada.¿No lo oís, aún no lo habéis
oído? /Y es que este rumor es sólo el de su sombra. /
La sombra de sus alas y de sus garras / antes de posarse sobre la Tierra,
se nos dice. El reino Maya, el legendario y épico país
de los ensueños, no guardaba en sus tesoros sino la figura de
un águila enigmática, indicio de la edad de Acuario, que
ya estamos viviendo.