UNA DIGRESIÓN SOBRE MI
PROPIA OBRA (1996)
De todas mis obras anteriores o posteriores, soy yo conocido por La armónica
montaña. En ella ensayaba un concepto distinto del Tiempo y del Espacio:
de tiempo, porque no seguía el transcurso lineal sino cíclico,
y amparado en la teoría del "eterno retorno"; de espacio porque
me círcunscribí a un ámbito concreto -la catedral de Granada-
tratando de ceñirme a él mediante la fusión del monumento
a la escritura. La catedral de Granada quedaba constituida así en un
gigantesco sensorio donde habían quedado archivadas las memorias
colectivas, rescatadas en SUS monólogos por un organista condenado a
reencarnar por siglos en el mismo cuerpo. El resaltado fue una novela poemática
basada en la técnica del "mar de historias" y de estructura
infinita por poder leerse de cualquier punto hacia adelante y retrocediendo.
Comencé esta novela en 1973 a los veinte años de edad y la di
por finalizada exactamente diez años más tarde: tuvo tres redacciones
y la deje descansar durante varios años entre las mismas. Ha ido creciendo
en consideración e interés desde su primera publicación
en 1986. Cuando salió a la luz, hube de afrontar una vez más el
desconcierto crítico, que se tradujo en esta ocasión en silencio
periodístico a sus seiscientas apretadas páginas. Ningún
diario nacional publicó la mas mínima reseña ni dio noticia
alguna de su salida. Entiendo que, como las personas, cada libro tiene su destino.
Con anterioridad a esta novela, había publicado Poema de la Alhambra (1974), Retablo de Luna (1980), La blanca emoción (1980), La ciudad de las cúpulas (1981), Los cuerpos gloriosos (1982), Las lóbregas alturas (1984), y Órphica (1984),
todos de poesía. Me hallaba incluido en múltiples antologías
y en posesión de algunos galardones. Hasta ese instante yo había
vivido casi todo el tiempo en Granada, ciudad en la que había nacido
en 1953, licenciándome en Filosofía y Letras en 1977. Pero a partir
de 1979, Úbeda, Durango, Ronda y Jerez fueron mis destinos como profesor
de Literatura.
Con posterioridad a La armónica montaña, residiendo en Guadix,
otros libros fueron sumándose a los ya publicados: El galeón
atormentado (1990), Reino Maya (1990), La Quibla (1991), Beth
Haim (1995) y El sol de las ánimas (1995), de poesía;
así como Kalaát Horra (1991) y La luz de la sangre (1996), novelas; Cuentos del río de la vida (1991), relatos, y Tratado de la Alhambra Hermética (1988), ensayo. Esta actividad
creativa la compatibilicé con una especial dedicación a la crítica
literaria, publicando unos trescientos comentarios en prensa y revistas especializadas,
por aquellas fechas.
No me considero prolífico, sino que trabajo diariamente. Creo no obstante
en la inspiración. Para mí la creación literaria es un
hecho paranormal, en cuanto no depende solamente de mí (de mis
recursos y voluntad), y sobrenatural, porque trasciende a mi razón. En
poesía no me propongo plazo (hay libros que he escrito en tres días
y otros en varios años) pues aguardo al estado anímico más
propicio, el cual suele ser una confluencia de factores internos (pulsión,
inquietud, receptividad extrema) y externos (placidez, tiempo, ciclos lunares).
En cuanto a la narrativa, una vez identificado el tema y resueltos los problemas
primeros de su ejecución y planteamiento, es cosa que no dejo enfriarse:
escribo diariamente unas cuatro horas; y si nada sale ese día, por disciplina
me siento de todas maneras en el escritorio.
No me interesa todo, escribir por escribir, producir buscando el éxito.
Me repelen instintivamente las modas. Cuando escribo deseo resolver algo: por
ejemplo, la conexión entre alma, tiempo y oro, como en La luz de la
sangre, así como las causas astrales de la atracción amorosa;
o la condensación de energía en un lugar cerrado y el problema
del mal frente a la búsqueda de justicia y dignidad, como en Kalaát
Horra. Sin embargo, y aunque en mi obra los géneros no se presenten
nítidamente deslindados, tengo claro que una novela es ante todo acción,
argumento, quedando el mensaje (que para mí sí ha de haberlo)
de tal manera subsumido en la trama que no la perciban sino aquellos que busquen
algo más que entretenerse. Por lo que respecta al estilo, para mí
es una cuestión prioritaria de orden (gradación) y movimiento
(fluidez), (algo así como llevar dos vasos de agua en una bandeja y no
derramarla aun yendo deprisa).
Tengo 43 años. Vivo en compañía de mi hijo, su madre, una
perra y una gata. Un día feliz para mí es aquel en que paseo y
leo, hay silencio, hace sol y recibo alguna carta de amistad. Mi sueño
consiste en disponer de tiempo completo para elaborar el ciclo de novelas que
tengo previsto. Pero, por ahora, me basta con finalizar el original de mi novela
siguiente, que lleva por titulo El discípulo amado.
(Texto inédito). |