SÁBADO
6 DE NOVIEMBRE DE 2004
ANTONIO ENRIQUE ESCRITOR
"El mito artúrico abre la posibilidad a los sueños"
Su obra "Silver Shadow" en inglés y castellano,
muestra una revisión hispana del rey Arturo
J. J. PÉREZ GUADIX
El poeta granadino Antonio Enrique ha sorprendido con la publicación
de su último poemario, "Silver Shadow", que gira en torno al
mito artúrico y, más concretamente, en torno al amor del rey Arturo
y su esposa Ginebra, que se convierte en la amante de Lancelot. La obra, editada
en castellano e inglés, aborda el mito anglosajón por excelencia
desde una mirada genuinamente española. El autor descubre un punto de
vista nada convencional que sorprende, incluso escandaliza, en el que el rey
en primera persona, conduce al lector por las corrientes vertiginosas de sus
sentimientos.
-¿Qué le lleva a escribir "Silver Shadow"?
Yo no tenía previsto escribir un libro y, menos aún, un libro
en el que tomase la voz de Arturo. Surgió como un destello paseando en
soledad por aquellas calles de Londres, donde me encontraba de viaje, y porque
a mí este tema me ha sugestionado desde adolescente.
-Su primer verso "Ginebra, cuánto os amo" hace prever un libro
sentimental, incluso edulcorado. Resulta todo lo contrario, amargo y hasta cínico.
¿Qué ocurrió en el camino?
Todo eso cabe en el amor-pasión. Su rasgo distintivo es la apuesta
al todo o nada; significa un salto al vacío. Y de aquí su grandeza,
que nace de la misma indefensión.
-¿De qué Arturo se habla entonces? ¿Del mito?, ¿del
hombre?, ¿del ley?
Los mitos verdaderos nacen de un hombre o mujer capaces de
engendrar leyenda. Pero no existe persona legendaria sin un soporte visceral
humano. Mi Arturo es un hombre antes que rey. Pero, como Edipo, no sería
el hombre que es si no hubiese nacido rey.
La "españolidad" del rey
-Se trata de un mito anglosajón. ¿Fue muy complicado para un
poeta español indagar en sus claves, aclimatarse a sus peculiaridades?
Los mitos tienen eso, que son universales. Jung decía que si no existiesen
con el nombre con que se les designa, tendrían otros, porque nacen espontáneamente
del subconsciente colectivo. Es cierto que la literatura anglosajona abundó
en el tema, hasta capitalizatio. Pero no lo es menos que la "materia británica",
en la que el mito se integra, trascendió a otras muchas literaturas,
la nuestra entre éstas.
-¿Y dónde está entonces la "españolidad"
del rey Arturo?
Su "españolidad" reside en un sentido de furia; bajo su frialdad
y cinismo, Arturo no oculta su exasperación y su resentimiento, su ira
irónica, su histrionismo. Arturo es desgarrado, y lo es hasta la más
cruel de las delicadezas. Tampoco oculta su humanidad, es un hombre qué
no se avergüenza de mostrar su estupor.
-Pero si Arturo es el mito fundacional anglosajón, ¿cuál
sería entonces la correspondencia hispánica?
Hablamos de un tótem, es decir, algo que acumula energía y la
orienta en una determinada dirección. Ese tótem en la literatura
española puede ser la misma idea del honor, que está presente
en la mayoría de los héroes del teatro del Siglo de Oro.
-¿Y Ginebra?
Ginebra le ama dé veras, pese a toda apariencia. Le ama, y lo va a descubrir
después de muerto. No sabía yo tampoco que quien hablaba, Arturo,
lo hacía desde la otra dimensión. Es falso, de todos modos, que
el amor haya de ser exclusivo hacia una sola persona. Las mujeres llevan siglos
mostrándonos lo contrario.
-¿Qué vigencia tendría hoy el mito artúrico?
La que se le quiera otorgar. A lo visto en últimas manifestaciones literarias
y cinematográficas, muchísima. ¿Por qué? Tal vez
porque abre la posibilidad a los sueños. Y el hombre actual está
ávido de soñar.
-¿Por qué una obra bilingüe?
Estamos en Europa y en el siglo XXI, ¿no? Me pareció de cortesía
hacerlo en los dos idiomas, ya que fue escrito en Londres, donde me encontraba
de viaje, e inspirado en aquella atmósfera londinense.