Nacido
de los poemas "El mal" y "El diablo", insertos en
Santo Sepulcro (1998), El reloj
del infierno indaga en la zona oscura de la naturaleza humana, al tiempo
que responde al deseo de conjurar los temores que la soledad cósmica
y la libertad frente al destino desencadenan en la conciencia colectiva.
En el presente libro, cuyo motor mas profundo es el silencio de Dios
ante la degradación, la enfermedad y la miseria, el infierno
es expresado no ya como espacio de lo indeseable presentido, sino como
paraíso mudo y desierto, aun provisto, paradójicamente,
de todas las hermosuras: "Pero nadie hay, no se ve nadie en este
jardín, / por eso es el infierno. Por eso es el infierno, / y
porque se parece, tan vasto y cruel, / hermoso y solitario, a un pecado
de Dios."