El
galeón es el mundo y se le llama aquí atormentado en alusión
a las vicisitudes del alma, que es el nauta que lo guía, así
como el Camino es la vida y el viajero el propio hombre. Dividido en
dos partes -el mar y la tierra, esto es, altamar y ultramar,
respectivamente- coincidentes, realidad y ficción, vigilia y
sueño, encuentran en esta obra una zona común en que tales
oposiciones concuerdan, sin que sea posible discernir la entidad de
ambas tautologías. La literatura se convierte así en eje
que las unifica. No es la cosa en sí (realidad, vigilia), ni
su reflejo invertido (sueño, ficción) en la superficie
de su símbolo; antes bien sería el espejo mismo, límite
interpuesto entre lo que se ve (lo que hay delante) y lo que no puede
verse (lo que hay tras él, al otro lado). Y así las aventuras
y peripecias que en este poema se narran cobran valor de Parábola
o Metáfora de nuestro tiempo, pues justamente encubren una filosofía
vital cuyo sentido último -como el de la propia vida- sigue siendo
un misterio. De aquí el que "la sirena de los buques ocultan
la respuesta", como en verso final se lee.
El Galeón Atormentado es la octava entrega poética de
su autor, simultáneamente aparecido con Reino
Maya, asimismo de versos.