EL
PARADIGMA DE LOS ESPEJOS INDESCIFRABLES
(SIESTA ROJA EN EL SAHAN ARRAJAIN)
Del
Mar a la Alhambra por ríos de sedas exaltadas galopa
lírica furia
de narcisos fraudulentos que trepan el gesto audaz y la
calumnia de los sueños
en el agua, la arena y los vientos por loco espolón
de nubes como faisanes.
Mediatarde solamente el alarido en el cuerpo es montaña
recién ida.
Saltan barcas por los ojos en borbotón de calandrias
abatiendo nueve selvas.
Por las losas, a la hora de Edipo, los espejos, sudor y
sangre en la hoguera
del Eclipse y el Arpa. Tres murciélagos o el azafrán
tiran de la Siesta Roja.
Nínive,
Riad y Tánger, memorial trío de ausentes nómadas
hacia las rodillas
de Gibraltar, y abrazadas por eclipses o claro de Venus
naciente.
Oh Lobo, Ciudad del Silencio, tan cerca de mí como
de aquí a mis labios.
Torrente de aullidos chorrean tus brazos, corporal harén
de plata y lluvia.
Granada, el mediopecho, se quedó hablando con la
Brisa que no le escucha.
Y de cada beso en su piel de esquejes alentaba estrella
de arrayán y noria.
El ciprés un reloj en el suelo y el hondo Sur con
espuma hasta las ingles.
Pirotecnia de gacelas o las horas huyen ante los siete eunucos
de la desgracia
por el camino albinegro de los ayes. Inmirable esta Soledad,
mi voz
se me está haciendo de otro; corazón en el
hígado y las pestañas llameando.
Ah
las niñas azules de Nínive que nunca fueron
trigal y hoy son deriva.
De tanto jazmín en la penumbra os inicia el clamor
fuentes en las caderas.
Árbol de sirenas se vara por helicoidal de arterias
vegetales o el desierto
de una vuestra sonrisa, explanada de un suspiro verdegay
y sin madre.
Que no os caben las manos en las cinturas rumorosas de olor
a despedida.
Ay niñas del infierno en los cabellos y en el pecho
el insomnio de dos canarios.
Lagos allá donde leones copulan con Luna de ámbar,
fabulación de espada y flabelo,
parodia de amor y risa finge en los proscenios de labios
cal, canela y ola.
Porque
se oye el mar en vuestros vientres y el corazón quizá
se os pudiera ver
desde las atalayas, hasta las piedras os reconocen a cada
paso por la ladera.
Oh muchachas rosas de Riad, ciegos ruiseñores que
ya no son si se miran.
Vuestra alegría era Abril, y Abril se lo han llevado
a la Isla de los Príncipes.
Por un Patio Blanco dejáis caer bandadas de heridas
palabras que no recogéis
así germinan. Y es dolor divisar velos por las galaxias
de la mediatarde.
Un ajedrez el cielo jugáis a enamorar al alfil, la
cítara y la tarasca taciturnos.
Oh las vírgenes de la oca y la amatista, más
lucientes que las hijas de los poetas.
Espejos, Luna precoz saliendo por las murallas, teorema
cíclico aíslan
de anémonas invidentes a la hora del Clítoris
sidéreo o el Ajimez enardecido.
Y
ya a la sombra del Tiempo, a la estela, las sienas damas
de Tánger.
Delfín apenas la sonrisa. Cuánto os pesan
en las manos los mares del mundo.
Madréporas de abandono cercan el eco desmandado de
ojos llenos de joyas.
Cómo queda el corazón entre los dedos cuando
tampoco nos aman las golondrinas.
Ay hermanas de Licaón con más nieve en las
espaldas que acordes el arco iris.
La Muerte, la princesa cuesta arriba, tiene un manto de
oro como de armiño.
Qué fácil es decir hoy que hasta los pozos
cantan al llovido Sol de Marzo.
Reverberación a hendir las sienes, llamáis
a este lado sin fin del Espejo.
Granada, una mejilla de menos, no tiene brazos para ofrendar
el lúpulo
a las tres tapadas que tras vida llegaron en los días
tortuosos del cometa, roto
el guashmaks de extintos tréboles de Bersim, y alisos
muchos bramándoles el pecho.
Ristras de alondras desde Oriente expiran a la luz o el
ángel de sus pasos.
Se
acabó las que fueron niñas en Nínive,
muchachas en Riad y damas en Tánger.
Nínive, Riad y Tánger, qué nostalgia
azul, rosa y siena por el Sahan Arrajain.
Aroma de caisimón en el ensueño y mediatarde
ya en las arcadas. Siesta
Roja se vara en rictus piramidal de Espacio y Rezo. Así
los escorzos
se nieblan en viejos nidos donde planetas remontan sus destellos
de oricalco;
apotegma de alas que quiebran el salmo, vientre o sistro
de épocas albas.
Desgreñado Sísifo bajo astrolabios gritó
y montañas se nos vinieron encima.
Vernal corcel y marmóreo, crines ascuas, heliotropos
ojos, los ejes
del sefirot tortura a la busca del espasmo, vida o Sol en
las palmeras.
De Poema de la Alhambra (1974)